Mientras el centro y sur de México reciben lluvias por ondas tropicales, vaguadas o huracanes, en el noroeste del país hay un fenómeno que cada verano se encarga de llenar presas, reverdecer campos y, de paso, provocar tormentas eléctricas que parecen sacadas de otra latitud. Llamado Monzón Mexicano, aunque su nombre suene a fenómeno lejano, ya que es propio de la India o el sudeste asiático, ocurre en México cada año, como un reloj. Y en 2026, no ha sido la excepción.
¿Qué es el Monzón Mexicano?
La palabra monzón proviene del árabe mawsim, que significa estación. Y es que los monzones no son tormentas aisladas, sino cambios estacionales en la dirección de los vientos que, durante varios meses, modifican por completo el régimen de lluvias de una región.
En el mundo existen cuatro grandes regiones monzónicas. Una de ellas se extiende por el suroeste de Estados Unidos y el noroeste de México, y es precisamente ahí donde actúa el monzón mexicano. Se caracteriza por un cambio drástico en la circulación atmosférica: los vientos cálidos y húmedos provenientes del océano Pacífico, el golfo de California, el golfo de México y el Atlántico convergen sobre el noroeste del territorio nacional. Esta convergencia, sumada al intenso calentamiento diurno del suelo, genera las condiciones perfectas para la formación de nubes de tormenta.
¿Cómo funciona?
El mecanismo es sencillo en esencia, complejo en sus detalles; durante la primavera y principios del verano, el suelo del noroeste de México y el suroeste de Estados Unidos se calienta intensamente. El aire caliente asciende, creando una zona de baja presión sobre el continente. Este vacío atrae aire húmedo desde el océano Pacífico, el golfo de California y, en menor medida, desde el golfo de México. La humedad, al ascender por las montañas de la Sierra Madre Occidental, se enfría, condensa y genera tormentas eléctricas de fuerte intensidad, normalmente durante las tardes. El resultado es un incremento notable de las precipitaciones en una región que, el resto del año es extremadamente árida.
¿Qué regiones afecta?
El monzón mexicano no cubre todo el país. Su impacto se concentra en el noroeste de México, y los estados más beneficiados (y afectados) son:
| Estado | Intensidad del impacto |
| Sonora | Muy alto |
| Chihuahua | Muy alto |
| Sinaloa | Muy alto |
| Durango | Alto |
| Nayarit | Alto |
| Baja California Sur | Moderado |
También pueden registrarse precipitaciones importantes en zonas de Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, San Luis Potosí y Zacatecas, aunque con menor intensidad.
¿Cuándo ocurre?
El monzón mexicano no tiene una fecha de inicio fija, pero suele establecerse entre finales de junio y mediados de julio, y se extiende hasta septiembre. En 2026, el fenómeno se ha mantenido activo durante todo el verano, interactuando con otros sistemas como ondas tropicales y tormentas. El pico de actividad suele darse entre julio y septiembre.
El pronóstico indica que las lluvias monzónicas seguirán presentes durante las próximas semanas, con tormentas eléctricas, granizo y riesgo de crecidas en los estados del noroeste.
Impactos: El lado bueno y el lado malo
Beneficios
- Recarga de presas y acuíferos: El agua del monzón es vital para el abastecimiento humano, agrícola e industrial de la región.
- Agricultura: Las lluvias permiten ciclos agrícolas que de otro modo serían inviables.
- Mitigación de la sequía: El monzón rompe la sequía estacional que caracteriza al noroeste.
- Ecosistemas: Bosques y matorrales dependen de esta agua para sobrevivir.
Riesgos
- Lluvias torrenciales y granizo: Las precipitaciones pueden ser de corta duración, pero extremadamente intensas, causando inundaciones repentinas.
- Tormentas eléctricas: Acompañan a las lluvias y pueden provocar incendios o afectar infraestructura eléctrica.
- Deslaves y crecidas de ríos: En zonas montañosas, el agua puede desencadenar corrientes de lodo y desbordamientos.
- Calor extremo previo: Antes de las tormentas, las temperaturas pueden superar los 45 °C en el norte del país, creando un contraste violento cuando llega la lluvia.
El monzón mexicano es mucho más que un simple “verano lluvioso”. Es un fenómeno estacional que redefine la geografía, la economía y la vida cotidiana del noroeste de México. Sin él, la región sería radicalmente distinta: más seca, menos productiva y con ecosistemas completamente diferentes.
Pero también es un recordatorio de que la naturaleza, cuando se manifiesta, lo hace con fuerza. Las lluvias torrenciales, las tormentas eléctricas y el granizo son parte del paquete. Y aunque este año el monzón ha traído consigo los riesgos habituales, también ha cumplido con su papel: llenar de agua una tierra que la necesita desesperadamente.